Un niño entrega una hoja de la tabla del siete sin un fallo. A la semana
siguiente, en una hoja revuelta, se atasca en 7 × 8 y en 7 × 6.
No se le ha olvidado nada en siete días. Lo que pasa es que la primera hoja se
podía hacer contando de siete en siete desde arriba, y la segunda no.
Por qué una hoja de una tabla engaña
Porque las filas van en orden. Si la anterior daba 42, la siguiente da 49 sin necesidad de recordar nada.
Y aunque no vayan en orden, basta con recitar la tabla por dentro hasta llegar. Es lento, pero acierta.
El resultado es un cuaderno impecable que no dice nada sobre si las tablas están.
Con las tablas revueltas eso deja de funcionar: cada operación hay que sacarla suelta, que es como se van a necesitar siempre. Tablas de multiplicar hace exactamente eso.
Qué significa «saberse las tablas»
Contestar en menos de tres segundos, sin recitar y sin calcular. Ni más ni menos.
Si tarda cinco segundos pero acierta, no se la sabe: la está reconstruyendo, y esa reconstrucción ocupa toda la cabeza justo cuando hace falta para otra cosa.
Por eso lo que hay que marcar en una hoja mezclada no son solo las falladas: son las que se atascan aunque acierte.
Y por eso conviene tomar el tiempo alguna vez, sin dramatizar. Diez operaciones en treinta segundos es el objetivo razonable a los nueve años.
Cuáles fallan siempre
Son casi las mismas en todos los niños y merece la pena saberlo de antemano.
7 × 8, 6 × 7, 7 × 9, 8 × 9, 6 × 8. Todas del cuadrante de arriba, con los números grandes y sin ningún truco fácil.
El resto tiene atajos: la del dos es doblar, la del cinco acaba en cero o en cinco, la del nueve tiene el truco de los dedos, la del diez es poner un cero.
Así que el trabajo de verdad son cinco o seis operaciones, no diez tablas. Decirlo así cambia mucho la cara del niño.
Cómo se practican las que faltan
De dos en dos, nunca la tabla entera. Se eligen dos operaciones y se trabajan una semana.
Se escriben en un papel pegado en la nevera. Se preguntan sueltas, tres o cuatro veces al día, diez segundos cada vez.
Y se preguntan en las dos direcciones: 7 × 8 y 8 × 7. Muchos niños se saben una y no la otra sin darse cuenta de que es la misma.
Al cabo de una semana, esas dos están y se cambian por otras dos. En un mes y medio se cubren todas las difíciles.
El apoyo que sí vale
Cuando una no sale, la salida no es contar de siete en siete: es apoyarse en otra que sí se sepa.
7 × 8 es 7 × 4 doblado. O 7 × 10 menos 7 × 2. O 8 × 8 menos 8.
Enseñar dos de esos caminos para las cinco difíciles da una red de seguridad que además enseña cómo funciona la multiplicación — es lo que está detrás de Multiplicar con sentido.
Y con el tiempo el atajo se usa menos, porque el resultado acaba viniendo solo.
Lo que no funciona
Cantar la tabla entera todos los días. Refuerza la retahíla, que es justo lo que hay que dejar de necesitar.
Hojas de sesenta operaciones. A partir de la veinte lo que se practica es aguantar, y los errores que salen son de cansancio.
Trabajar la tabla completa cuando fallan tres. Se pasa el rato repasando lo que ya se sabe.
Cronometrar como examen. Tomar el tiempo una vez al mes informa; hacerlo cada día produce prisa y errores.
Cuándo tocan las mezcladas
Cuando cada tabla por separado salga bien y sin contar. Antes de eso, mezclar solo produce frustración.
Suele ser hacia los ocho y medio o nueve, con las del 2 al 5 aprendidas primero y las del 6 al 9 después.
Y conviene mezclar por tandas: primero solo del 2 al 5 revueltas, después las de arriba, y al final todas juntas.
Ese orden evita el desastre de una primera hoja revuelta con quince fallos, que desanima más de lo que enseña.
Para qué hacen falta de verdad
Conviene tenerlo claro, porque un niño pregunta y merece una respuesta honesta.
No para multiplicar deprisa: para dividir, para simplificar fracciones y para resolver problemas sin que el cálculo se coma toda la atención.
Un niño que tiene que reconstruir 7 × 8 mientras resuelve un problema de dos pasos pierde el hilo del problema. Ese es el coste real.
Dicho así —«esto es para que las cuentas no te estorben cuando lo difícil sea otra cosa»— se entiende mejor que «hay que sabérselas».
La tabla que se ve entera
Hay una imagen que ahorra bastante desánimo y que conviene enseñar cuando el
niño cree que le quedan cien operaciones por aprender: la tabla del 1 al 10 en
una cuadrícula.
Son cien casillas, pero la mitad están repetidas —7 × 8 y 8 × 7 son la misma—,
la fila del 1 y la del 10 se saben solas, y la del 2 y la del 5 también.
Tachando todo eso encima de la cuadrícula quedan alrededor de quince casillas
de verdad, y de esas ya se saben unas cuantas.
Ver el trabajo real reducido a un puñado de casillas marcadas cambia por
completo la disposición con la que se sienta a practicar.
Cómo se pregunta sin que parezca un examen
El formato importa casi tanto como el contenido, porque estas operaciones hay
que repetirlas mucho y el aburrimiento se instala rápido.
Lo que funciona es corto y por sorpresa: una operación mientras se pone la
mesa, otra al bajar la escalera, otra en el coche. Diez segundos cada una.
Y en las dos direcciones, alternando: hoy «siete por ocho», mañana «cuarenta y
dos, ¿de qué dos números sale?». La segunda pregunta es más difícil y prepara la
división.
Lo que no funciona es la sesión de veinte minutos de tablas. En esto, cuatro
ratos de diez segundos rinden más que un cuarto de hora seguido, y no dejan mal
recuerdo.
Cómo practicarlo jugando
Tablas de multiplicar presenta las operaciones sueltas y con tiempo, que es la práctica que hace falta.
Resuelve la operación las mezcla con sumas y restas, y Descompón el número sostiene los atajos.
Cinco minutos al día. En esto, diario y corto gana por mucho a largo y de vez en cuando.
Qué imprimir
Las tablas mezcladas son tres hojas de veinticuatro operaciones revueltas del 2 al 9, sin avisar cuál toca, con respuestas.
Tablas del 2 al 5 y del 6 al 9 son el paso previo, tabla a tabla.
Y Divisiones con resto para ver por qué hacían falta: sin tablas, dividir no arranca.
Lo esencial
Una hoja de una sola tabla se puede hacer contando desde arriba, así que un cuaderno impecable no dice nada. Mezcladas, cada operación hay que sacarla suelta, y ahí aparecen las cinco o seis que faltan: casi siempre 7 × 8, 6 × 7, 7 × 9, 8 × 9 y 6 × 8. Saberse una tabla es contestar en menos de tres segundos sin recitar, así que hay que marcar también las que se atascan aunque acierten. Y se practican de dos en dos durante una semana, no la tabla entera.