Juegos y actividades

El memori de las crías

Por El equipo de Kodomi Club · 12 de septiembre de 2026 · 7 min

El memori de las crías

Veinticuatro tarjetas para recortar. Y una primera partida con todo boca arriba, que es la que enseña los nombres.

Es un memori con una vuelta de tuerca: las dos tarjetas de la pareja no son iguales, así que no basta con acordarse de dónde estaba el dibujo repetido.

Hay que saber de quién es cada cría, y eso se puede repasar antes en De quién es el bebé.

Dos cosas a la vez

El memori normal entrena memoria visual y nada más. Este entrena memoria y conocimiento, porque para emparejar hay que saber algo.

Eso lo hace más difícil y también más interesante, porque una tarjeta levantada se puede aprovechar aunque no se recuerde dónde está su pareja.

Y hace que la partida dure más, que a veces conviene y a veces no.

La primera partida, boca arriba

Con todas las tarjetas a la vista y emparejando sin memoria. Así se aprenden los nombres, que es lo que de verdad cuesta.

Se tarda diez minutos y evita la frustración de la primera partida a ciegas, donde no se sabe ni qué se está buscando.

Cuando la lista se sabe, se les da la vuelta y empieza el memori de verdad.

Los nombres que nadie usa

Cabrito, lechón, renacuajo, cervatillo, potro. Diez de los doce no se dicen nunca en casa, y esa es media gracia del juego.

Cada vez que se levanta una tarjeta se dice en voz alta el nombre. En dos partidas se quedan.

Y son palabras que después aparecen en cuentos y en libros de animales, donde ya no habrá que explicarlas.

Recortar es parte del juego

Las veinticuatro tarjetas se recortan, y esa media hora de tijeras es trabajo de precisión que va bien a cualquier edad.

Si el niño recorta sus propias tarjetas, el juego pasa a ser suyo y se saca más veces.

Con líneas rectas y tarjetas grandes se puede hacer desde los cinco años sin ayuda.

Pegarlas en cartón

Un folio se transparenta y se ve la tarjeta desde atrás, que es el fallo que estropea la partida.

Pegarlas en una caja de cereales abierta o imprimirlas en cartulina lo arregla y además duran años.

Es media hora de trabajo y la diferencia entre un juego de una tarde y uno de un curso.

Empezar con menos parejas

Doce parejas son muchas para cinco años. Se sacan seis, se juega, y cuando se domina se añaden las otras.

Con veinticuatro tarjetas en la mesa, un niño pequeño se pierde y la partida se hace eterna.

Subir el número poco a poco es lo que mantiene la sensación de que se puede.

Colocarlas en cuadrícula

Las tarjetas puestas en filas y columnas ordenadas se recuerdan mucho mejor que esparcidas por la mesa.

Eso enseña algo de paso: la posición se memoriza más fácil cuando hay una estructura.

Con niños mayores se puede probar a esparcirlas sin orden y comparar lo difícil que se vuelve.

Decir en voz alta lo que se levanta

«Oveja». «Renacuajo». Nombrar cada tarjeta al levantarla ayuda a recordarla, porque se guarda como palabra y no solo como imagen.

Es un truco de memoria que sirve para muchas más cosas y que aquí se aprende jugando.

Y hace que los demás jugadores también aprendan de los turnos ajenos, que es lo que iguala la partida.

Jugar contra uno mismo

Sin rival, contando cuántos turnos se tarda en emparejarlo todo y apuntando el número.

Esa versión funciona muy bien con un solo niño y quita la parte competitiva, que a algunos les estropea el juego.

Y la mejora de una semana a otra es visible, que es lo que engancha.

Con adultos hay que igualar

Un adulto gana a un niño de seis años en un memori casi siempre, y perder diez veces seguidas no motiva a nadie.

Se iguala dejando que el niño juegue dos turnos por cada uno del adulto, o jugando en equipo contra el reloj.

Dejarse ganar de forma evidente no vale: se nota y quita valor a la victoria.

Adulto y cría no se parecen

Un renacuajo y una rana no tienen nada que ver, y una oruga y una mariposa tampoco. Esas dos parejas son las que más sorprenden y las que más se recuerdan.

Al levantarlas conviene contar en una frase qué pasa por el camino, que es una lección de ciencias en diez segundos.

Las demás parejas son más previsibles y sirven de descanso entre las difíciles.

El macho, la hembra y la cría

Vaca y ternero, yegua y potro, oveja y cordero. En la lista aparecen nombres femeninos porque la cría se asocia a la madre.

Da pie a preguntar cómo se llama el macho —toro, caballo, carnero—, que es otra familia de palabras entera.

Con eso, doce parejas se convierten en más de treinta palabras aprendidas.

Otras maneras de usar las tarjetas

Repartirlas en dos montones —adultos y crías— y ordenar cada uno alfabéticamente. Jugar a las familias. Inventar una historia con tres.

Un juego de tarjetas da para muchas más cosas que su juego original, y esas variantes alargan su vida.

También sirven para clasificar por dónde vive cada animal o por qué come.

Añadir tarjetas propias

Con cartulina y rotulador se pueden añadir parejas nuevas: la abeja y la larva, el pingüino y el pollo, el pez y el alevín.

Buscar cómo se llama la cría de un animal es una excusa perfecta para usar un libro o el diccionario.

Y las tarjetas hechas a mano son siempre las favoritas.

Antes de esto

Hace falta leer las palabras, porque las tarjetas llevan texto y no dibujos. Para quien todavía no lee, el adulto las lee en voz alta.

Y hace falta poder esperar el turno, que a los cuatro años todavía cuesta.

Si la lectura es lenta, se puede jugar con la primera partida boca arriba durante varias sesiones.

Qué edad

Con seis parejas y las tarjetas leídas por un adulto, a los cinco.

Con doce parejas leyendo solo, a los seis o siete.

Con las variantes y las tarjetas añadidas, a los ocho o nueve.

Los errores del adulto

Empezar con las veinticuatro tarjetas a ciegas. Corregir el nombre en tono de examen. Y jugar a ganar.

La partida boca arriba del principio se salta casi siempre y es la que hace que el juego funcione.

Y conviene guardarlo a la vista, en una bolsa o una caja pequeña, para que se pida solo.

Antes y después de esto

Cómo funciona un memori está en el memori y la memoria visual, y el vocabulario, en las crías de los animales. Otro memori con parejas distintas es el memori de las emociones, y un tablero para jugar en familia, un tablero que da la vuelta al año.

Cómo practicarlo jugando

De quién es el bebé es el mismo emparejamiento en pantalla y sirve para aprender la lista.

Encuentra la pareja entrena la memoria visual y Dónde vive cada uno el vocabulario de animales.

Qué imprimir

Memori de los animales y sus crías trae veinticuatro tarjetas para recortar con doce parejas.

Con parejas de contrarios, Memori de contrarios. Y con oficios, Memori de los oficios.

Lo esencial

  • Las dos tarjetas de la pareja no son iguales: hay que saber quién es hijo de quién.
  • La primera partida se juega boca arriba, para aprender los nombres.
  • Se dice en voz alta cada tarjeta al levantarla: se recuerda mejor como palabra.
  • Pegadas en cartón no se transparentan y duran años.
  • Con los pequeños se empieza con seis parejas y se van añadiendo.

Para practicarlo jugando

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