Restar hasta diez suele salir bien. Restar por encima de diez, cuando hay
que cruzar la decena hacia atrás, es donde muchos niños de siete años vuelven
a los dedos después de meses sin usarlos. Trece menos siete es el ejemplo
canónico.
La reacción habitual es mandar más restas. Y más restas hechas con la
misma estrategia mala —contar hacia atrás de uno en uno— solo consiguen que
la estrategia mala se automatice. Lo que hace falta es cambiar la estrategia,
y para eso hay que hacer bastantes restas: de ahí que convenga que sean
llevaderas. Restar jugando resuelve la
parte de la cantidad; lo que sigue resuelve la de la estrategia.
Por qué contar hacia atrás es tan caro
Contar hacia delante está automatizado desde los cuatro años: la serie
uno, dos, tres sale sola. Hacia atrás, no. Cada paso hay que calcularlo, y en
una resta de siete pasos hay siete oportunidades de perder la cuenta.
Por eso un niño que resta contando hacia atrás falla más y tarda más,
aunque «sepa restar». No es un problema de resta: es un problema de la serie
numérica al revés, que está tratado en el artículo sobre contar hacia atrás.
Se puede entrenar la serie hacia atrás, y ayuda. Pero la solución de fondo
es dejar de necesitarla.
Apoyarse en el diez
La estrategia que hay que instalar es esta: trece menos siete se resuelve
llegando primero al diez. De trece a diez hay tres; me quedan cuatro por
quitar de los siete; diez menos cuatro son seis.
Dicho así parece más largo que contar, y lo es la primera semana. Después
deja de serlo, porque los dos pasos son restas hasta diez, que ya salen
solas.
Para que funcione hace falta una cosa previa: saber partir los números.
Que siete son tres y cuatro, que ocho son dos y seis. Eso es descomposición
pura y se trabaja mejor aparte, con Descompón el número, antes de meterla
dentro de una resta.
La otra estrategia: sumar hacia arriba
Hay un segundo camino, y a algunos niños les sale más natural: trece menos
siete es preguntarse cuánto le falta al siete para llegar a trece. De siete a
diez van tres, de diez a trece van tres más: seis.
Es la resta convertida en suma, y tiene la ventaja de usar solo la
dirección automatizada. Conviene enseñar las dos y dejar que cada niño se
quede con la que le encaje; no hay una correcta.
Lo que sí conviene es que tenga alguna. Un niño con dos estrategias y una
preferencia va bien; un niño sin ninguna, contando hacia atrás con los dedos
a los ocho años, está acumulando retraso en todo lo que viene detrás.
Por qué el memori funciona aquí
El problema de la práctica es la cantidad: hacen falta muchas restas para
que la estrategia nueva se automatice, y una hoja de treinta restas se
abandona a la doceava.
Un memori de restas resuelve eso. Cada vez que se levantan dos cartas hay
que comprobar si la resta cuadra, y eso son treinta comprobaciones por
partida. La diferencia con la hoja es que el niño quiere seguir, porque lo
que le mueve no es acabar el ejercicio sino ganar.
Y hay un detalle que multiplica el efecto: las mismas cartas se levantan
varias veces, así que la misma resta se resuelve tres o cuatro veces en una
partida, espaciada por minutos. Esa es la forma de repetición que mejor fija
un cálculo.
Decir la resta en voz alta
Con la regla de decir en voz alta la comprobación —«trece menos nueve son
cuatro, no es seis»— se gana lo que ninguna hoja da: se oye cómo lo hace.
Si dice «trece... doce, once, diez, nueve...», está contando hacia atrás y
ahí hay trabajo pendiente. Si dice «de nueve a diez uno, y tres más, cuatro»,
la estrategia está puesta. Es una manera gratis de ver por dónde va, en tiempo real.
Cuántas y cuándo
Diez minutos, tres o cuatro veces por semana, durante un mes. Es el tipo
de cálculo que se asienta con sesiones cortas y repetidas, y que no mejora
nada con una sesión larga el domingo.
La señal de que está hecho es concreta y se puede comprobar: preguntad
seis restas que crucen la decena en momentos sueltos del día —en el coche, en
la cola del súper— y cronometrad mentalmente. Si las seis salen en menos de
tres segundos cada una, se acabó.
Los dedos, y cuándo preocuparse
Conviene decirlo porque genera mucha angustia en las familias: los dedos
no son el enemigo. Son una representación externa perfectamente legítima, y a
los seis años son la manera normal de calcular.
Lo que sí es señal de algo es el tipo de uso. Un niño que levanta siete
dedos y quita cuatro de un golpe está usando los dedos como apoyo de una
cantidad que ya reconoce. Un niño que cuenta uno a uno desde el principio en
cada resta, a los ocho años, está usando los dedos para sustituir una
estrategia que no tiene.
La diferencia se ve en dos segundos y dice qué hacer. En el primer caso,
paciencia: se caen solos. En el segundo, hay que enseñar la estrategia del
diez, porque más práctica sin estrategia no la va a producir.
Las restas que no se practican
Hay un tipo de resta que casi no aparece en las hojas y que sale
constantemente en la vida: la de comparar. «¿Cuántos años más tiene tu
hermano?» «¿Cuánto le falta a esto para las cinco?»
Un niño entrenado solo en restas de quitar puede no reconocer que ahí hay
una resta. Merece la pena colar preguntas de ese tipo en la conversación
normal, sin ejercicio de por medio: en el súper, con las horas, con las
edades.
Son gratis, se hacen en diez segundos y cubren un hueco que las fichas de
cálculo, por su formato, tienden a dejar.
Cómo practicarlo jugando
Restar jugando hace la práctica
individual con apoyo visual, que es lo que hace falta mientras la estrategia
todavía no está.
Descompón el número es el
requisito escondido: sin saber partir el siete en tres y cuatro, la
estrategia del diez no se puede aplicar. Y Encuentra la pareja mantiene rodada la
mecánica del memori con dibujos, más fácil.
Qué imprimir
El Memori de restar trae seis
parejas de restas hasta veinte con resultados todos distintos, listo para
recortar y guardar en un sobre.
Para la práctica en papel, las Restas hasta 20 son el material
de siempre, y conviene usarlas después de tener la estrategia y no antes. Si
falta la descomposición, Sumas y restas hasta 20
las trabaja mezcladas.
Lo esencial
- El muro es cruzar la decena hacia atrás. Trece menos siete, no trece
menos tres.
- Contar hacia atrás es caro porque esa serie no está automatizada. Más
hojas con esa estrategia solo automatizan la estrategia mala.
- Dos caminos buenos: apoyarse en el diez, o sumar hacia arriba desde el
número pequeño. Que elija el suyo, pero que tenga uno.
- Hace falta saber partir los números —siete son tres y cuatro— antes de
poder aplicar la estrategia del diez.
- Decir la comprobación en voz alta deja oír qué estrategia usa, y eso sale
gratis y en el momento.