Cálculo y matemáticas

Restar hasta veinte, jugando

Por El equipo de Kodomi Club · 4 de septiembre de 2026 · 8 min

Restar hasta veinte, jugando

Trece menos siete es el punto donde muchos niños vuelven a los dedos. Hay una manera de pasarlo que no es repetir la hoja.

Restar hasta diez suele salir bien. Restar por encima de diez, cuando hay que cruzar la decena hacia atrás, es donde muchos niños de siete años vuelven a los dedos después de meses sin usarlos. Trece menos siete es el ejemplo canónico.

La reacción habitual es mandar más restas. Y más restas hechas con la misma estrategia mala —contar hacia atrás de uno en uno— solo consiguen que la estrategia mala se automatice. Lo que hace falta es cambiar la estrategia, y para eso hay que hacer bastantes restas: de ahí que convenga que sean llevaderas. Restar jugando resuelve la parte de la cantidad; lo que sigue resuelve la de la estrategia.

Por qué contar hacia atrás es tan caro

Contar hacia delante está automatizado desde los cuatro años: la serie uno, dos, tres sale sola. Hacia atrás, no. Cada paso hay que calcularlo, y en una resta de siete pasos hay siete oportunidades de perder la cuenta.

Por eso un niño que resta contando hacia atrás falla más y tarda más, aunque «sepa restar». No es un problema de resta: es un problema de la serie numérica al revés, que está tratado en el artículo sobre contar hacia atrás.

Se puede entrenar la serie hacia atrás, y ayuda. Pero la solución de fondo es dejar de necesitarla.

Apoyarse en el diez

La estrategia que hay que instalar es esta: trece menos siete se resuelve llegando primero al diez. De trece a diez hay tres; me quedan cuatro por quitar de los siete; diez menos cuatro son seis.

Dicho así parece más largo que contar, y lo es la primera semana. Después deja de serlo, porque los dos pasos son restas hasta diez, que ya salen solas.

Para que funcione hace falta una cosa previa: saber partir los números. Que siete son tres y cuatro, que ocho son dos y seis. Eso es descomposición pura y se trabaja mejor aparte, con Descompón el número, antes de meterla dentro de una resta.

La otra estrategia: sumar hacia arriba

Hay un segundo camino, y a algunos niños les sale más natural: trece menos siete es preguntarse cuánto le falta al siete para llegar a trece. De siete a diez van tres, de diez a trece van tres más: seis.

Es la resta convertida en suma, y tiene la ventaja de usar solo la dirección automatizada. Conviene enseñar las dos y dejar que cada niño se quede con la que le encaje; no hay una correcta.

Lo que sí conviene es que tenga alguna. Un niño con dos estrategias y una preferencia va bien; un niño sin ninguna, contando hacia atrás con los dedos a los ocho años, está acumulando retraso en todo lo que viene detrás.

Por qué el memori funciona aquí

El problema de la práctica es la cantidad: hacen falta muchas restas para que la estrategia nueva se automatice, y una hoja de treinta restas se abandona a la doceava.

Un memori de restas resuelve eso. Cada vez que se levantan dos cartas hay que comprobar si la resta cuadra, y eso son treinta comprobaciones por partida. La diferencia con la hoja es que el niño quiere seguir, porque lo que le mueve no es acabar el ejercicio sino ganar.

Y hay un detalle que multiplica el efecto: las mismas cartas se levantan varias veces, así que la misma resta se resuelve tres o cuatro veces en una partida, espaciada por minutos. Esa es la forma de repetición que mejor fija un cálculo.

Decir la resta en voz alta

Con la regla de decir en voz alta la comprobación —«trece menos nueve son cuatro, no es seis»— se gana lo que ninguna hoja da: se oye cómo lo hace.

Si dice «trece... doce, once, diez, nueve...», está contando hacia atrás y ahí hay trabajo pendiente. Si dice «de nueve a diez uno, y tres más, cuatro», la estrategia está puesta. Es una manera gratis de ver por dónde va, en tiempo real.

Cuántas y cuándo

Diez minutos, tres o cuatro veces por semana, durante un mes. Es el tipo de cálculo que se asienta con sesiones cortas y repetidas, y que no mejora nada con una sesión larga el domingo.

La señal de que está hecho es concreta y se puede comprobar: preguntad seis restas que crucen la decena en momentos sueltos del día —en el coche, en la cola del súper— y cronometrad mentalmente. Si las seis salen en menos de tres segundos cada una, se acabó.

Los dedos, y cuándo preocuparse

Conviene decirlo porque genera mucha angustia en las familias: los dedos no son el enemigo. Son una representación externa perfectamente legítima, y a los seis años son la manera normal de calcular.

Lo que sí es señal de algo es el tipo de uso. Un niño que levanta siete dedos y quita cuatro de un golpe está usando los dedos como apoyo de una cantidad que ya reconoce. Un niño que cuenta uno a uno desde el principio en cada resta, a los ocho años, está usando los dedos para sustituir una estrategia que no tiene.

La diferencia se ve en dos segundos y dice qué hacer. En el primer caso, paciencia: se caen solos. En el segundo, hay que enseñar la estrategia del diez, porque más práctica sin estrategia no la va a producir.

Las restas que no se practican

Hay un tipo de resta que casi no aparece en las hojas y que sale constantemente en la vida: la de comparar. «¿Cuántos años más tiene tu hermano?» «¿Cuánto le falta a esto para las cinco?»

Un niño entrenado solo en restas de quitar puede no reconocer que ahí hay una resta. Merece la pena colar preguntas de ese tipo en la conversación normal, sin ejercicio de por medio: en el súper, con las horas, con las edades.

Son gratis, se hacen en diez segundos y cubren un hueco que las fichas de cálculo, por su formato, tienden a dejar.

Cómo practicarlo jugando

Restar jugando hace la práctica individual con apoyo visual, que es lo que hace falta mientras la estrategia todavía no está.

Descompón el número es el requisito escondido: sin saber partir el siete en tres y cuatro, la estrategia del diez no se puede aplicar. Y Encuentra la pareja mantiene rodada la mecánica del memori con dibujos, más fácil.

Qué imprimir

El Memori de restar trae seis parejas de restas hasta veinte con resultados todos distintos, listo para recortar y guardar en un sobre.

Para la práctica en papel, las Restas hasta 20 son el material de siempre, y conviene usarlas después de tener la estrategia y no antes. Si falta la descomposición, Sumas y restas hasta 20 las trabaja mezcladas.

Lo esencial

  • El muro es cruzar la decena hacia atrás. Trece menos siete, no trece menos tres.
  • Contar hacia atrás es caro porque esa serie no está automatizada. Más hojas con esa estrategia solo automatizan la estrategia mala.
  • Dos caminos buenos: apoyarse en el diez, o sumar hacia arriba desde el número pequeño. Que elija el suyo, pero que tenga uno.
  • Hace falta saber partir los números —siete son tres y cuatro— antes de poder aplicar la estrategia del diez.
  • Decir la comprobación en voz alta deja oír qué estrategia usa, y eso sale gratis y en el momento.

Para practicarlo jugando

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